Por qué la luz marca Cero Euros y cómo la revolución del almacenamiento va a cambiarlo todo
La primavera ha traído consigo un escenario que hace apenas una década parecía ciencia ficción: la electricidad es, durante varias horas al día, "gratis" en el mercado mayorista (el famoso pool eléctrico). La tormenta perfecta de fuertes vientos, reservas hídricas a buen nivel y un parque solar fotovoltaico que no para de crecer ha provocado que la oferta de energía verde supere con creces a la demanda.
¿Por qué, si la luz cuesta cero, seguimos pagando en nuestra factura?
Es la pregunta que inunda las redes sociales cada vez que se publican estos datos. La respuesta está en la estructura del sistema eléctrico. Ese precio "cero" o incluso negativo solo aplica al coste de la energía en el mercado mayorista. Sin embargo, el consumidor final sigue pagando los peajes de acceso, los cargos del sistema (que mantienen la infraestructura), los impuestos y, por supuesto, el margen de su comercializadora si no tiene una tarifa indexada pura.
El verdadero reto: El almacenamiento y las Centrales Eléctricas Virtuales (VPP)
Este desplome de precios ha puesto sobre la mesa el mayor desafío de la transición energética europea: no tenemos dónde guardar tanta energía barata. La red eléctrica debe estar siempre en equilibrio; la energía que se produce debe consumirse al instante. Cuando hay exceso de sol y viento, y poca demanda, los precios colapsan, lo que desincentiva la inversión en nuevos parques renovables.
Aquí es donde entra la verdadera noticia del año: el boom del almacenamiento. Las baterías, tanto a gran escala como domésticas (instaladas en hogares junto a placas solares), están dejando de ser un lujo para convertirse en una necesidad. Ya estamos viendo el nacimiento de las Centrales Eléctricas Virtuales (VPP): redes de miles de baterías domésticas conectadas a internet que se cargan automáticamente cuando la luz es gratis y vierten esa energía a la red cuando es cara.
El fin del consumidor pasivo
El mercado energético está mutando. Ya no basta con poner paneles solares en el tejado; el futuro pasa por la flexibilidad de la demanda. Los hogares del futuro inmediato serán entes inteligentes que comprarán energía cuando sobre (a precios de derribo) y se desconectarán de la red en las horas pico. La era de la electrificación ya no va de producir más, sino de consumir en el momento exacto.